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El 8 de agosto EDUARDO GÓMEZ ALONSO presentó su segundo libro de fotografías antiguas "SERRADILLA crónica en blanco y negro" en la Casa de la Cultura de Serradilla.
Participaron en la presentación PILAR COBOS ROPERO esposa y colabora del libro y JOSE CARLOS BRAVO FERNANDEZ webmaster de Serradilla.com Destacando todos ellos el valor y la importancia de dejar recogidas en estos libros la memoria gráfica de un pueblo de extremadura en imágenes del siglo XIX con la información añadida por su autor que complementa la información visual de las imágenes antiguas. - Editado por EDILESA con mas de 400 fotografías recogidas en 157 páginas del mismo formato que el anterior libro.
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PRESENTACIÓN DE SU AUTOR Buenas tardes a todos y gracias por estar aquí otra vez, porque aunque parezca mentira ya han pasado cinco años desde el otro libro, desde luego, el tiempo se pasa volando. Pero se nota, entonces leía sin gafas y ahora ya no puede ser. Bueno, vamos a intentar repasar un poco lo que representa este nuevo libro. Yo creo que este libro viene a completar el patrimonio gráfico de Serradilla, porque como ya dije la otra vez, se habían quedado muchos retratos por ver y muchas historias que contar fuera de aquel primer proyecto, y siempre tuve en mente la publicación de un segundo libro que no tiene porque ser necesariamente la segunda parte, en el sentido de que vayan correlativas en el tiempo, sino que más bien es una ampliación que profundiza y complementa al anterior. Como su título indica esto es una crónica o un diario en blanco y negro y un recorrido visual por ciento cincuenta años de historia de nuestro pueblo.
También ha sido editado por Edilesa, y su estructura original es muy parecida al anterior, por lo tanto, sigue la misma línea general en cuanto a calidad y presentación. En un principio se pensó en cambiar el formato del libro pero después caímos en la cuenta de que este libro debía compartir la estantería al lado del otro con la misma medida y proporciones. Este libro se ha estructurado pensando tanto en la imagen como en el contexto histórico y social del siglo y medio que abarca esta colección de fotografías. Para ello se ha introducido un apartado de datos que aparece en diferente color al final de cada capítulo donde se recogen un serie de noticias interesantes, reseñas curiosas, pregones…y otros documentos alusivos al contenido de cada capítulo para así profundizar en el día a día de nuestros antepasados y en las circunstancias que rodearon su existencia, Por eso este libro va más allá de la fotografía y se revela como un tratado de etnografía que es el estudio de los pueblos, de las gentes y de sus costumbres y tradiciones, porque no se trata sólo de enseñar una foto monda y lironda, anónima y que solamente puede tener valor sentimental para los familiares del retratado; hay que documentarla y analizarla desde un punto de vista social y etnográfico en busca de detalles que a simple vista parecen imperceptibles y sin embargo pueden encerrar importantes datos para la historia local. EN ESTE LIBRO HAY TRES CAPÍTULOS NUEVOS: La emigración, la música y las mujeres serradillanas.
El capítulo de la emigración ahonda en aquel terrible drama que hubieron de afrontar muchos serradillanos, que tuvieron que abandonar su querida tierra natal en busca de trabajo, para intentar sacar adelante a sus familias, y que supuso la despoblación de Serradilla en una tercera parte Sin duda, todos los que se fueron mejoraron habida cuenta de la difícil situación económica y familiar que atravesaban cuando partieron hacia otras tierras y pronto empezamos a deslumbrarnos con sus coches, sus vestidos y sus cámaras de fotos que todavía no estaban a nuestro alcance. Yo recuerdo los impresionantes coches que traía Hortensio de Alemania, que cada vez que pasábamos a la escuela nos quedábamos abobaos mirándolos como si fueran de otra galaxia El capítulo de las mujeres surgió a raíz de una exposición que realicé en 2007 en Villarreal sobre las “Mujeres de Monfragüe” que sirvió de base a este capítulo y que también debe servir como homenaje a nuestras madres y abuelas, y a todas las mujeres serradillanas. También he dedicado un capítulo específico a la música y a la insigne figura de tío Manuel el músico para que sirva como reconocimiento a esos artistas del pasado siglo que dieron popularidad al pueblo y que desgranaron sus notas por muchos rincones de Extremadura y de España. Entre las cerca de 400 fotos que contiene este libro hay algunas muy entrañables para mí, pero destacan especialmente entre todas unas cuantas que son verdaderos documentos históricos y otras increíbles y sorprendentes, que como dice el proverbio valen más que mil palabras. Una de ellas es la de las jóvenes con el zapato cambiado, que como sólo disponían de un par de zapatos de lujo para poder presumir en la foto, se puso cada una el de un pie que enseñaban para hacerlo bien visible, mientras escondían el otro. Eran otros tiempos, cuando las carencias se suplían con imaginación. También está la que puede ser única foto de Sofía Rodrigo, la mujer de Agustín Sánchez.
Un interesantísimo documento de la macha del lino en río Tajo. El lino era en el pasado un tejido importantísimo para la confección de prendas de vestir y otros aperos de uso cotidiano. Había que llevarlo siempre al río porque envarbascaba las paireras Los viejos cazadores de los años 50, con sus blusas y sus escopetas al hombro. La recibía a la llegada de Santa Catalina, una bonita tradición perdida porque no fueron capaces de ponerle reglas. La de los curas en el camión, como piojos en costura, cuando sobraban vocaciones. Las mujeres machando los rollos para hacer gravilla en el puente viejo, que da idea de las dificultades de aquellas grandes obras del pasado. Podemos imaginar lo que se tardaría en llenar un esportón. Una labor de chinos. La pista de baile de tío Ropero con una empalizada de madera en pleno ejido a modo de redil. La de la trinchera durante la guerra civil en plena batalla del Jarama, una foto auténtica de reportaje de guerra. Y también aparece en este libro la imagen de Laureana Serrano Moreno hermana de doña Filomena, la maestra, que entregó su vida a los más pobres. Esta mujer recogía todo lo que podía por las casas; desde alimentos hasta ropa y dinero para pagar la iguala del médico de algún enfermo sin medios económicos, y acompañaba a los enfermos que vivían solos y desahuciados. Hubo una época en que bajaba todas las tardes a las Cábilas con un pucherino de leche para los niños enfermos de una de aquellas familias pobres. Murió en 1970, yo aún la recuerdo con el pucherino en la mano recorriendo las casas. Esta extraordinaria mujer, que fue para los serradillanos nuestra Teresa de Calcuta, tiene dedicada, muy merecidamente, una calle en Serradilla. Otra buena tanda de fotos pertenece a los años 60, esos extraordinarios años que trajeron el progreso con importantísimo cambios sociales que dieron un vuelco radical a nuestras vidas. Entonces llegó El pantano, los moños cardados, las minifaldas…Pasamos de la herradura a la rueda y llegaron los Seat Seiscientos y el Dos Caballos, que se convirtieron en objeto de culto para los jóvenes de la época que se retrataban junto a ellos, con la ilusión de poseerlos, aunque fuera reflejados en un papel. Y por último una de las que llegaron a última hora, buenísima, que me mando Juanjo Pulido, que es descendiente de ese grupo de yunteros serradillanos emigrados al pantano en los años 60. En ella aparece Juanjo recibiendo un aparato ortopédico para sobrellevar los efectos de la polio, Aquí aparecen las autoridades locales con un aire retro que no deja indiferente; sus protagonistas: el alcalde y el secretario, vestidos con trajes de chaqueta y pantalón claros, parecen evocar personajes de novela sudamericana. En fin, creo que son documentos importantísimos para nuestra historia local que por medio de este libro ponemos a disposición de todos vosotros. Y ahora quiero dedicar también un pequeño espacio a repasar algunas anécdotas personales y pequeñas historias locales que nunca tienen cabida en los pies de foto por falta de espacio, ni en el texto porque siempre hay que relegar a un segundo plano como noticias secundarias desplazadas por el peso de las que tienen más trascendencia para nuestra historia local. Un buen ejemplo de ello son las Cábilas. Esta foto fue para mí una auténtica sorpresa pues yo recordaba una simple calle con unas cuantas casas a los lados y varias familias viviendo todavía allí, y sin embargo, resulta que había hasta cinco filas de casas donde vivían cerca de cien personas. Este barrio tenía muy mala fama y cuando éramos chicos no nos dejaban ir por allí. Esta fama era totalmente injusta, ya que estas familias pobres apenas tenían para comer y se dedicaban al rebusco y al acopio de cualquier cosa que se comiera, aunque fuera debajo de las piedras con tal de dar de comer a sus hijos. En los años 50 estuvieron sometidas a un verdadero estado de excepción por el cabo Federico, pequeño pero matón, que puso todo su empeño en acabar con los rebuscaores y belloteros. Se presentaba sin avisar de madrugada y pasaba lista a todos los que vivían allí y como faltara alguno ya podía ir rezando, porque la tollina era segura. Dicen que ponía un guardia en la encina más alta de Postuero para que vigilara sus movimientos desde primera hora de la mañana. Sobre las cábilas circulaba un cantar por aquellos años que decía: Al asomar a la cumbre lo primero que se ve son las cábilas morunas y a su presidente Mané. Este personaje era tío Manuel Méndez, pocero y albañil, y estaba considerado como el alcalde de este barrio, ya que pertenecía a la falange y era una especie de delegado o cagarrachi de las autoridades locales. Los verdaderos artífices de este barrio fueron el cura don Ramón y tío Zacarías Díaz, el alcalde, que cedió suelo gratis para que construyeran sus casas a mucha gente que hasta entonces vivía en chozas y no tenía donde caerse muerta. La cesión de estos terrenos comunales fue una auténtica obra de caridad y un gran gesto humanitario. Por eso don Ramón, el cura, lo llamó barrio de la Providencia, aunque al final se impuso la invención popular de cábilas. Todavía hoy queda una de estas cábilas en el ejido de 16 metros cuadrados. En este libro también aparece una foto de presos de izquierda en el calabozo. Algunos familiares se mostraron reacios a publicar esta foto, un poco recelosos de que pudiera afectar a su intachable conducta como ciudadanos de hoy, como si esto les fuera a desprestigiar, cuando realmente los delitos eran de auténtica risa. Por ejemplo, a la mujer joven que aparece en la foto, Isidora Jiménez, la metieron en el calabozo por su padre que estaba enfermo, cuyo delito fue que cuando venía de las trasierras por el camino del Rancho le salieron al paso los velillas de la Falange y le amenazaron para que levantara el brazo e hiciera el saludo fascista y respondiera con el ¡arriba España! Como se negó fue denunciado, y a la cárcel. Así se las gastaban en aquellos años de la guerra. Otro personaje de la foto era tío Agustín el zapatero, que estuvo 8 meses en el calabozo, el único cargo que se le imputaba era ser hermano de tío José Fernández Loro “Coguta”, perteneciente a la izquierda local. Durante estos meses vivieron una especie de libertad vigilada y a tío Agustín le dejaban salir a arreglar los zapatos a la plaza, donde sacaba su mesina y el cajón con los cachiperris y se ponía y a echar medias suelas y a remendar zapatos que le llevaban allí sus clientes. Entonces el mantenimiento de los presos estaba a cargo de los familiares que les llevaban a diario la comida, Algunos se las veían y se las deseaban para comer y se mantenían de las migajas de los otros. También a veces la contemplación de una foto puede traer muchos recuerdos de la infancia que ya teníamos olvidados en la memoria. Esto me pasó a mí con una foto que me cedió la hermana de Don Pablo, el cura de Arroyomolinos, que estuvo muchos años en Serradilla, al que conocí como cura y como profesor en el colegio. Cuando me sacó el sobre con las fotos y lo abrí para revisarlas, en la primera estaba yo mismo portando un cartel en la fiesta de las Misiones. Entonces me vinieron muchos recuerdos de aquella fiesta que añoro con especial cariño. Pues bien, el día antes de la famosa procesión estuvimos librando una guerra de cañas que habíamos cortado en un cañal de Juan Miguel y en plena batalla una de ellas me impactó en un ojo y me lo dejó, como decimos aquí a la virulé, completamente negro y así tuve que hacer la procesión. En aquellos años las piteras, las cortauras y los negrales estaban a la orden del día y las curas eran cortas pero muy efectivas. El tratamiento de choque te lo aplicaba tu madre cuando llegabas a casa con el negral, y al momento te dejaba de doler; el negral claro, por que te dolía donde te sacudían por habértelo hecho. Aunque en principio me negué, al final mi madre me obligó y tuve que salir con el cartel exhibiendo aquel imponente negral en el ojo. Ese día a otros muchos niños les vistieron de obispos, de papas y de curas, pero yo no necesité vestirme de nada porque yo llevaba el Cardenal en el ojo. Menos mal que tío Julián me sacó el lado bueno en la foto. Bueno, y para terminar quiero mandar un saludo a las familias de los colaboradores que se quedaron en el camino y que no han podido llegar a ver terminado este libro. Recuerdo de manera muy especial a Teodoro Ropero, a Ezequiel, a tío Miguel Marro, a don Paco el maestro, a tío Jesús Jerraol y a Antonio Gómez Molano, el marido de doña Ana, la Comadrona. A todos les conocí muy de cerca, y tuve una estrecha relación con ellos. Ellos fueron mis mejores confidentes, que me proporcionaron importantes testimonios, datos y fotografías que resultaron fundamentales para la realización de este trabajo. A la memoria de todos ellos también está dedicado este libro. Bueno, nada más, espero que os guste a todos.
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