En el nº 213 de la revista EL MIGAJÓN expusimos los antecedentes históricos y religiosos que convergen en este pequeño monumento de la sierra conocido como Cruz del Cancho o “Casetina”,
que lo convierten en un símbolo de primer orden para los serradillanos. Por eso su reconstrucción ayudará a revalorizarlo y respetarlo y, sin duda, ha de contribuir a afianzar nuestras señas de identidad. Pues bien, el día 23 de marzo de 2009 se terminó la obra de la Casetina. Para Gonzalo, para Pilar y para mi, que llevamos acariciando esta idea desde hace años, así como para todos los que han participado en este proyecto, ha sido una enorme satisfacción y una auténtica gozada poder contemplar desde aquí abajo, recortándose en lo más alto de la sierra la silueta de la casetina, que desde ahora y esperemos que por muchos años, presida nuestros avatares históricos y comparta el destino de Serradilla. Cómo se hizo.
Aunque hacía tiempo que veníamos hablando sobre la reconstrucción de la Casetina, fue a partir del citado artículo aparecido en el Migajón, cuando el alcalde de Serradilla, Félix Bravo Gómez, dio su visto bueno a este proyecto y nos autorizó a emprender la obra. Mientras tanto, fueron sucediendo algunos hechos e incidencias que son dignos de mención por la importante y decisiva repercusión que tuvieron en la reconstrucción del monumento, que deben ser conocidos: El lunes día 20 de octubre del pasado año (por cierto, una fecha otoñal muy poco favorable para los incendios), es decir, el día después que está señalado en el calendario como el de San Pedro de Alcántara, (19 de octubre) se desató un virulento incendio en la falda de la sierra, en un olivar junto a la carretera, que rápidamente se extendió ladera arriba impulsado por el viento de poniente y después enderezó recto hacia la Casetina, rodeando el cancho por ambos lados y dejando calcinados todos los alrededores. Precisamente en este punto fue, donde con la ayuda de los bomberos y un helicóptero se consiguió dominarlo. Al día siguiente subí a comprobar los efectos del fuego y observé sorprendido cómo las llamas habían dejado completamente calcinados y limpios de maleza los aledaños del Cancho de la Casetina en un radio de 360 grados y por tanto, en este caso el fuego se convirtió en nuestro aliado, despejándonos el camino y facilitándonos el acceso a aquel paraje hasta entonces casi inaccesible a causa de la maleza. Fue una coincidencia, pura casualidad…en fin, eso lo dejo en sus manos. Después, el día 7 de marzo de 2009, cuando pasó el invierno, formamos un grupo de voluntarios totalmente comprometidos con esta causa, compuesto por Celedonio Campos, Cipriano Jiménez, Gonzalo Cobos y el que escribe, que el sábado día 7 de marzo de 2009, agateamos por primera vez a los canchos, donde rápidamente nos dimos cuenta de las dificultades y la dureza de esta obra por lo escarpado del terreno que impedía la utilización de maquinaria, teniendo que subir los ladrillos y los calderos de cemento a mano, agateando con ellos a cuestas. A esto hay que unir las dificultades y el peligro que entrañaba desenvolverse en un espacio tan reducido y rodeado por el precipicio, donde si soplaba el aire con fuerza hacía imposible siquiera mantenerse de pie, por lo que en dos ocasiones hubimos de bajarnos y aplazarlo para el próximo sábado. A pesar que de antemano teníamos un proyecto perfectamente estudiado y definido, no sabíamos con claridad cómo era realmente la Casetina al no existir ninguna imagen ni fotografía de esta y, por supuesto, nadie aún vivo la había podido ver antes de su destrucción, acaecida a principios del siglo XX. Pero en este aspecto también tuvimos suerte, ya que el día antes de iniciar la obra, comentando los pormenores con Ramiro Sánchez, el de los materiales de construcción, se refirió a la existencia de un cuadro de su abuelo Juan José, aficionado a la pintura, en el que aparecía perfectamente dibujada la casetina sobre los canchos. Con la existencia de este cuadro, se terminaron nuestras dudas, ya que este hombre, nacido en las postrimerías del siglo XIX, si que conoció la Casetina antes de que fuera destruida, y por tanto, se convirtió en nuestro mejor testigo, legándonos a través de su pintura el verdadero aspecto del monumento, en el que la caseta aparece con la puerta orientada hacia el mediodía y el tejado a dos aguas. Esto, evidentemente, trastocó los planes iniciales que, basados en testimonios orales producto de vagos recuerdos o simples apreciaciones, no eran correctos. Con estos datos de primera mano que nos permitieron conocer el perfil y las características físicas del monumento con total certeza, al día siguiente emprendimos su reconstrucción. Las cuentas de la Casetina.Esta obra tuvo un coste económico que si bien no era muy alto, si obligó a buscar la manera de sufragarlo. Para conseguir la financiación de la obra acudimos a la Obra social de la Caja de Ahorros de Extremadura, entidad a la que presentamos un proyecto a través del Ayuntamiento por un coste de 1004,91 euros, dinero que nos fue concedido poco tiempo después. Este presupuesto inicial fue a todas luces insuficiente y al final se excedió hasta los 1722,94 euros, que fue el coste definitivo de la obra, de cuyo déficit se hizo cargo el Ayuntamiento de Serradilla. Los gastos de material fueron los siguientes: una placa de granito de 60x80 con el escudo labrado, una placa de granito pulido de 45x60 con inscripción, 1128 ladrillos cerámicos, de los que una buena parte se utilizaron en el andamiaje que hubo que levantar a su alrededor para poder trabajar sobre la caseta, y para el monolito exterior donde se va a colocar la placa de granito con inscripción, 26 sacos de cemento, 9 metros cúbicos de arena, 395 ladrillos rústicos, 24 machambraos, 3 sacos de cal apagada, 1 saco de yeso y bastantes carros de rollos de la sierra, que recogimos por los alrededores para forrar la Casetina y el monolito, entre los que se encontraron algunos fósiles de crucianas que quedaron incrustados en la pared. Y, por supuesto, no incluimos la mano de obra que equivaldría a 9 jornadas de trabajo con una media de cuatro personas. Notas para la historia.Al remover la tierra de los alrededores de la Casetina encontramos de forma casual repartidos por la zona algunos importantes restos arqueológicos que merece la pena reseñar; a saber: un hacha de pizarra pulimentada, dos piedras molederas y un bolo de granito, que indican claramente que estamos ante un asentamiento del calcolítico, posiblemente relacionado con la época de las pinturas rupestres de los alrededores. Esto viene a confirmar la teoría de que los sitios estratégicos para la defensa o el culto se han venido utilizando de forma sucesiva por las diferentes culturas y civilizaciones. Posiblemente, en la época de referencia este pequeño asentamiento pudo estar relacionado con un lugar de culto. También, a raíz de los comentarios que suscitó la obra de la Casetina, descubrimos las estrofas de una vieja copla popular que se cantaba en el pasado con el típico tonillo de los romances, que nos cantó Manuela Sánchez Sánchez y de cuya letra se deduce claramente que la destrucción de la Casetina fue un acto de gamberrismo seguramente cometido por jóvenes envalentonados por el vino o simplemente por pura diversión; y que es como sigue: “Entre Moreno y Barreño y su amigo Baltasar tumbaron la Casetina, y ahora la tienen que pagar”.
Agradecimientos.En primer lugar estamos profundamente agradecidos a las personas que a continuación se citan, sin cuya colaboración, totalmente desinteresada y altruista, no hubiera sido posible la reconstrucción de la Casetina: Celedonio Campos García, albañil serradillano, que puso todo su empeño, sus herramientas y su buen hacer en esta obra, Cipriano Jiménez Ropero que hizo de todo y Gonzalo Cobos Ropero, que cada sábado, desde Cáceres, acudió puntualmente a la cita con los canchos. También nos echaron una mano: Alfredo Gómez Cobos, Roberto Gómez Álvarez, José Antonio Gil García, Víctor García Barco, Anastasio Ropero Alonso, Antonio Lobato Real, José Mª Martín González y los hermanos José, Carlos y David Sánchez “los Ramiros”, que nos subieron los materiales y allanaron el paraje. También es de agradecer el gesto y la buena disposición de otras muchas personas que se prestaron voluntarias para lo que hiciera falta, y cuya ayuda no pudimos aprovechar dado que era materialmente imposible desenvolverse en un espacio tan reducido, donde a lo suma cabían tres personas. Igualmente queremos expresar nuestro agradecimiento al alcalde de Serradilla Félix Bravo Gómez que se mostró en todo momento favorable a esta reconstrucción poniendo a nuestra disposición todos los medios necesarios. Y, por supuesto, estamos en deuda con Petra Cano, Jefa de la Obra Social de Caja Extremadura, que se interesó vivamente por nuestro proyecto desde el primer momento e intercedió para que nos concedieran la subvención.
Conclusión Si algo queda claro a la terminación de esta obra es que entre los serradillanos existe un buen espíritu participativo y que cuando hay por delante un proyecto de interés local capaz de tocar la fibra sensible del orgullo patrio, se puede confiar en ellos. Si somos capaces de crear ilusión y contagiársela a los demás se pueden conseguir muchas cosas, y no siempre hay que esperar a que lo hagan otros o a que nos paguen por adelantado. Por ello creo que la reconstrucción de la Casetina debe servir de ejemplo a la hora de afrontar proyectos complicados como este, que ni siquiera están pagados con dinero y que serían inviables sin la participación desinteresada de personas capaces de actuar guiadas únicamente por un ideal patriótico y altruista.
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Saludos desde Malpartida de Plasencia.